
¿y Argentina alguna vez aprenderá cual es el camino de un país en serio y confiable? Para muestra basta un botón (el fútbol).
SANTIAGO, Chile.– Poco más de dos años después de su debut como seleccionador de la Roja –derrota por 2-1 ante Suiza, en Viena–, mucha agua ha pasado bajo el puente. Bien lo sabe Marcelo Bielsa, hoy ungido como el principal referente de los casi 17 millones de chilenos que celebran el retorno de su selección a un Mundial de fútbol.
A Bielsa hoy todos lo quieren. Lo encuentran inteligente, mesurado, sabio, hasta buenmozo, según las mujeres. Y el tipo, que a todas luces se lo ha ganado después de exactos 26 meses de trabajo metódico, tuvo ayer su día de gloria, idolatrado por un país que durante el fin de semana se juntó para celebrar por millares en las principales ciudades del país, y congratulado por la propia presidenta Michelle Bachelet, confirmada por las encuestas como su única rival en lo que a popularidad ciudadana se refiere.
Bachelet, que en eso de la mesura también comparte políticas con el rosarino, reconoció hace cosa de un mes que uno de sus grandes sueños era conocer personalmente a Bielsa, pero que no había querido que tal encuentro fuera malinterpretado.
"La alegría que nos entregó la selección merecía que viniera a saludarlos. Quería felicitarlos por la garra y la fuerza que han permitido que Chile se clasificara y que llegáramos al Mundial de Sudáfrica. También he querido agradecerles, naturalmente, a Marcelo Bielsa y a todo el equipo técnico, por su trabajo serio, permanente y persistente. Creo que ese tipo de trabajo nos identifica y nos da grandes alegrías (…) también verlo cómo disfrutó con cada gol, con corazón de chileno, igual que todos nosotros", dijo Bachelet.
Milagros como esta campaña, tan llena de triunfos inéditos, como los conseguidos en Medellín, Asunción, Lima y, sobre todo, el de aquella mágica noche del 15 de octubre de 2008 ante la propia Argentina –1-0, con gol de Orellana– en la última función del Coco Basile. Un recuerdo que los chilenos atesorarán por siempre.
Me vuelve loco tu forma de ser,
a mi me volvió loco tu forma de ser.
Tu egoísmo y tu soledad
son joyas en el barro de la mediocridad.
(son estrellas en la noche de la mediocridad.)










