Es curioso como una cosa lleva a la otra y así sucesivamente.
Un comentarista en un post, me comenta que mi frase en latín "Ego puto in orto meo", no significaba "Yo pienso en mi jardín", sino "Yo cuido mi jardín". Por lo tanto recurrí al diccionario: y significa "pensar, juzgar" aunque hay acepciones que dicen que es "cortar, podar". Tambien aparece traducido como "In orto meo cogito",del latin cogitare, que viene a expresar la accion de pensar, como en la famosa frase de Descartes "Cogito, ergo sum" : Pienso, luego existo: se que existo porque estoy realizando la accion de pensar, de "rumiar" informacion, conocimiento
Los verbos en latín se enuncian como el título: puto putas putare putavi putatum: 1a y 2a personsa del singular del presente de indicativo activo, el infinitivo del presente activo,la primera persona del singular del pretérito imperfecto activo y el supino.
En la mitología romana, Puta es la diosa menor de la agricultura. Según una versión, la etimología viene del latín y su significado literal es poda. Las fiestas en honor a esta diosa celebraban la poda de los árboles y durante estos días las sacerdotisas se manifestaban ejerciendo un bacanal sagrado (se prostituían) honrando a la diosa.
Existe una versión indicando que viene del verbo putare (pensar), que trata de cuando los romanos hacían a los griegos esclavos cuando vencían en sus guerras, y es que estos vencedores aunque eran superiores en lo militar, en lo culto eran más salvajes que los griegos y utilizaban a este pueblo como maestro de sus hijos, a las esclavas las usaban de otras maneras hasta que se percataron que además de saber del amor, conocían otras ciencias y le pusieron el calificativo de putas.
Una versión más viene de la palabra puteos (pozo, en latín), resultando que a los esclavos los introducían en pozos secos, quien quisiera tenía derecho para entrar en el pozo y hacer sexualmente lo que deseaba con esa persona siempre y cuando abonara lo acordado. Los dueños de esos pozos entraban gratis por supuesto.
Y me quedé pensando (¿puteando?) como en las Catilinarias:¿Quo usque tandem Kirchner abutere patientia nostra?(¿Hasta cuando Kirchner abusarás de nuestra paciencia?)
Y finalmente, caigo en las reflexiones del troesma rosarino, y copio algunos de sus párrafos:
Puto el que lee esto
por Roberto Forntanarrosa
Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, ni Jean-Paul Sartre, ni Tennessee Williams, ni el pelotudo de Góngora.
Lo leí en un baño público en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiese tenido a mí como lector consecuente. Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. "Puto el que lee esto", y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, a otra cosa, mariposa. Hacete cargo y si no, jodete. Hablan de aquel famoso comienzo de Cien años de soledad, la novelita rococó del gran Gabo. "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento..." Mierda. Mierda pura. Esto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no pertenece seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald.
No me muevo bajo la influencia de consejos de maricones como Joyce o el inútil de Tolstoi. Yo sigo la línea marcada por un grande, Carlos Monzón, el fantástico campeón de los medio medianos. Pumba y a la lona. Paf... el piñazo en medio de la jeta y hombre al suelo. Carlitos lo decía claramente, con esa forma tan clara que tenía para hablar. "Para mí el rival es un tipo que le quiere sacar el pan de la boca a mis hijos." Y a un hijo de puta que pretenda eso hay que matarlo, estoy de acuerdo.
"Es un golpe bajo", dirá algún crítico amanerado, de esos que gustan de Graham Greene o Kundera, de los que se masturban con Marguerite Yourcenar, de los que leen Paris Review y están suscriptos en Le Monde Diplomatique. ¡Sí, señor -les contesto-, es un golpe bajo! Y voy a pegarles uno, cien mil golpes bajos, para que me presten atención de una vez por todas. Hay millones de libros en los estantes, es increíble la cantidad alucinante de pelotudos que escriben hoy por hoy en el mundo y que se suman a los que ya han escrito y escribirán. Y los que han muerto, los cementerios están repletos de literatos. No se contentan con haber saturado sus épocas con sus cuentos, ensayos y novelas, no. Todos aspiraron a la posteridad, todos querían la gloria inmortal, todos nos dejaron los millones de libros repulsivos, polvorientos, descuajeringados, rotosos, encuadernados en telas apolilladas, con punteras de cuero, que aún joden y joden en los estantes de las librerías. Nadie decidió, modesto, incinerarse con sus escritos. Decir: "Me voy con rumbo a la quinta del Ñato y me llevo conmigo todo lo que escribía, no los molesto más con mi producción", no. Ahí están los libros de Molière, de Cervantes, de Mallea, de Corín Tellado, jodiendo, rompiendo las pelotas todavía en las mesas de saldos.
Sabios eran los faraones que se enterraban con todo lo que tenían: sus perros, sus esposas, sus caballos, sus joyas, sus armas, sus pergaminos llenos de dibujos pelotudos, todo. Igual ejemplo deberían seguir los escritores cuando emprenden el camino hacia las dos dimensiones, a mirar los rabanitos desde abajo, otra buena frase por cierto.
Y no estaré allí yo para ayudarlo, para decirle al lector pelotudo que recorre con su vista las cubiertas con un gesto de desdén obtuso en su carita: "Éste es el libro. Éste es el libro que debe comprar usted para que cambie su vida, caballero, para que se le abra el intelecto como una sandía, para que se ilustre, para que mejore su aliento de origen bucal, estimule su apetito sexual y se encame esta misma noche con esa potra soñada que nunca le ha dado bola".
Y allí estará la frase, la que vale, la que pega. El derechazo letal del Negro Monzón en el entrecejo mismo del tano petulante, el trompadón insigne que sacude la cabeza hacia atrás y hacia adelante como perrito de taxi y un montón de gotitas de sudor, de agua y desinfectante que se desprenden del bocho de ese gringo que se cae como si lo hubiese reventado un rayo. "Puto el que lee esto." Aunque después el relato sea un cuentito de burros maricones como el de Platero y yo.
No esperen, de mí, ética alguna. Sólo puedo prometerles, como el gran estadista, sangre, sudor y lágrimas en mis escritos. El apetito por más y la ansiedad por saber qué es lo que va a pasar. Porque digo que es puto el que lee esto y lo sostengo. Y paso a contarles por qué lo afirmo, por qué tengo autoridad para decirlo y por qué conozco tanto sobre su intimidad, amigo lector, mucho más de lo que usted nunca hubiese temido imaginar. Sí, a usted le digo. Al que sostiene este libro ahora y aquí, el que está temiendo, en suma, aparecer en el renglón siguiente con nombre y apellido. Nombre y apellido. Con todas las letras y hasta con el apodo. A usted le digo.
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Los saludo y:
Estne volumen in toga, an solum tibi libet me videre?
¿Llevas una arruga en la toga o es que te alegras de verme?
PD: respecto a los resultados de "Odol pregunta" se está esperando las respuestas de algunos alumnos que aún no entregaron la prueba.
Nada
Hace 1 semana